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Miso, un saborizante saludable.

El miso es un condimento japonés. Su nombre significa “fuente de sabor” y es utilizado para hacer más sabrosos muchos de los platos de la cocina tradicional japonesa y también para preparar caldos.

El miso se utiliza como las típicas pastillas de caldo pero, a diferencia de estas, no es un concentrado de desechos de la industria alimentaria y sustancias químicas, sino que se elabora a partir de soja fermentada y cereales y tiene propiedades medicinales. Las bacterias utilizadas para la fermentación favorecen la digestión por lo que los platos cocinados con miso son más digestivos. Los fermentos también favorecen la salud del intestino, mejorando la absorción de nutrientes. Los mismos microorganismos aportan al miso Vitamina B12, por eso es un alimento muy interesante para los veganos,  que podrían tener problemas para obtenerla (el tipo de B12 que se encuentra en los vegetales no es tan funcional) Por otro lado, el miso contiene una sustancia, el zybicolin, capaz de absorber y eliminar elementos radioactivos. Es desintoxicante también a otros niveles (se recomienda su consumo a los fumadores y habitantes de ciudades contaminadas, y alcaliniza el organismo, que con las dietas industrializadas suele estar acidificado) No contiene colesterol pero sí sal, así que los hipertensos deben tener cuidado al usarlo.

Todas las propiedades de la soja están también presentes en el miso: los fitoestrógenos que regulan la salud hormonal de la mujer y previenen la osteoporosis, la lecitina que estimula el cerebro y regula el colesterol y su gran cantidad de proteínas altamente asimilables.

Aunque todos los misos se elaboran con soja, se distinguen diversas variedades en función del tiempo de fermentación y los cereales que se añadan a la soja:

Kome (o Shiro) Miso: se fermentan soja y arroz blanco siendo éste último el que . Es el más líquido. Tiene un sabor más dulce y es más adecuado para consumir en los meses cálidos.

Shiro Miso: se fermenta con soja y arroz como el Kome pero éste contiene mayoritariamente arroz. Fermenta muy rápidamente, dos semanas. Tiene el sabor más dulce.

Genmai Miso: se fermentan soja y arroz integral fermentado durante un año y medio en barriles de cedro.  Es de sabor más fuerte.

Mugi Miso: se fermentan soja y cebada durante uno o dos años. Es el segundo en cantidad de proteínas y el de sabor más suave.

Natto Miso: con soja y cebada, como el Mugi, pero con una fermentación más corta (uno a tres meses) y al que se añade alga kombu, jengibre, sirope de cebada y sal marina.

Hatcho Miso: sólo se fermenta la soja, sin añadir otros cereales durante tres años en bariles de cedro cubierto de piedras. Es el más concentrado (el que tiene menos agua e hidratos de carbono) y por lo tanto el que tiene mayor cantidad de proteínas, grasas y minerales (sobretodo calcio, fósforo y hierro) Es también el que tiene menos sal. Ideal para los meses fríos y para la gente que se siente debilitada, es friolera, etc…

Per cuidado, también existen misos de mala calidad, fermentados durante poco tiempo con calor para acelerar el proceso y protegidos por conservantes.

Lo más aconsejable es buscar misos naturales, elaborados con soja y cereales de cultivo biológico y no transgénicos. Luz de Vida (BioSpirit)  o Finestra Sul Cielo por ejemplo, comercializa misos con estas características.

El miso se presenta como una pasta espesa. Se añade a los cados y estofados al final de la cocción, ya que no conviene cocerlo (el calor destruye los microorganismos). Se conserva muy bien y durante mucho tiempo, ya que es rico en sal.

Fuente: vidasana.bio